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Si no eres del gremio, es probable que la noticia te suene un poco a guasa. ¡Por fin ver la tele sin anuncios!  Algo estaremos haciendo mal, estamos perdiendo la sintonía con el público al que tenemos que seducir. Según un estudio realizado por GfK en Alemania, los publicitarios estamos a la cola de la popularidad en cuanto a confianza se refiere. Únicamente están peor considerados los vendedores de seguros y los políticos. Claro, ya no hacemos anuncios como los de antes, saturamos más que divertimos.

En realidad somos tanto víctimas de esta excusa devoradora llamada crisis, como responsables de una involución creativa propiciada por una ambición y un inmovilismo desmesurados, amparados en el miedo. El nuestro y el de los anunciantes, aunque vayan por caminos diferentes.

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A esto reducidos.

El decir «somos»  es una generalización de lo más injusta, claro. El fenómeno del que estoy hablando es más propio de las multinacionales publicitarias, muchas ancladas en un modelo que no se adapta al fluir y las necesidades del ahora. Sí, es verdad que hay demasiadas cosas que funcionan tan mal como explica este post en Yorokobu, y que ya nos gustaría que el boli se nos pudiera caer a las 19:00 sin mayores consecuencias.

Pero también es verdad que hoy es un día especial, un pequeño punto inflexión en la gestión del miedo. Hoy es uno de los primeros paros que forman parte de la huelga pactada de la agencia de publicidad JWT ante el ERE de la compañía. A pesar de que el grupo al que pertenece, el mastodóntico WPP, aumentó un 19% sus beneficios globales, han decidido que se puede exprimir un poco más la cosa prescindiendo de plantillas en países menos rentables como el nuestro. Curioso y perverso uso del eje Global – Local.

Vale, es cierto que no es el primer caso de acciones publicitarias. No hace mucho que en Publicis lograron que los cauces fueran por la negociación ante un caso parecido. Y vale, es cierto que sigue en el fondo nos hemos movido (bueno Publicis y JWT, yo me subo al carro con un poco de morro) cuando nos han tocado las barbas. Pero no por ello es menos destacable este hecho, que podría ser un cambio de tendencia. Hasta donde yo sé, es la primera vez que se ha hecho más público y notorio, incluso con un grupo en facebook.

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Una huelga muy activa (si les dejan).

Como ves, no es una huelga de brazos cruzados o pancartas, sino que se ofrecen a trabajar de forma gratuita como acción reivindicativa. Una excelente oportunidad para esos pequeños anunciantes… o lo sería si desde la dirección no les hubiera llegado un comunicado que les advierte que “vuestros contratos de trabajo siguen en vigor y que la prestación de servicios a terceros podría ser constitutivo de un incumplimiento de las obligaciones laborales, incluido el deber de lealtad hacia la Empresa». Entiendo que este afán por lo legal será extensivo al lunes, por ejemplo para levantarlos de las sillas a las 19 o a la que toque según el horario de entrada.

Vale, hoy se trata del ERE, pero creo que tenemos ante nosotros una oportunidad para que se encienda la mecha, no de la dinamita, sino de un pequeño motor de cambio. Pararnos a pensar si estamos propiciando un modelo sostenible, contemplar otras formas de trabajo para conseguir mejores resultados. Los horarios son la punta de lanza y del iceberg a la vez, pero hay mucho más debajo de la moqueta publicitaria.

De alguna forma, nos hemos unido a las reivindicaciones sociales, hemos bajado a la tierra.  De momento no como colectivo, pero sí algunos profesionales que les ha tocado directamente la situación y han puesto límite. Bajar la creatividad del pedestal divino para considerarla una cualidad muy humana, común al resto de los mortales, sólo que algunos hemos decidido convertirla en profesión. Por nuestras venas corre sangre, no horchata ni ambrosía.

Unirnos, hablar en horizontalidad, consensuar. El Club de Creativos tuvo una oportunidad. En sus orígenes algunos reclamábamos que funcionase también como un sindicato de buenas prácticas. Al fin y al cabo, todos los grandes creativos con capacidad de hacer y deshacer estaban ahí metidos. Pero al final se decidió que fuese sólo un escaparate y quedarnos con el aspecto más luminoso. Contemplar la sombra obligaría a cambiar y para qué hacerlo si las cosas funcionan aunque la máquina rechine de vez en cuando. Total, con un par de golpes el motor vuelve a arrancar.

Por eso es importante poner límite, levantar la voz para decir que no todo vale. Podemos apostar por transformar el sector para que se nutra de un combustible más ecológico y con unas prácticas más sostenibles. Una queja es útil si se aportan soluciones también. Así que todo mi apoyo para JWT, también como empresa, para que apuesten por el diálogo más que por la confrontación. Y desde aquí me apunto a unirnos como colectivo.

Quizá las medidas propuestas son un poco tibias: cumplir horarios (??) y el hecho de trabajar gratis suscita controversias… Pero más allá de esto, por mi parte destaco la iniciativa. Es difícil salir de ciertas inercias publicitarias, sobre todo estando tan metido. Visto desde la psicología social, el sector comparte muchos marcadores propios de una secta.

Decía Toni Segarra en la FOA2014 que «hay futuro en la profesión si se tiene vocación por la publicidad». Futuro, ¿para quién? Vocación, y talento, hay a paladas. Pero si no cambiamos, seguiremos lanzando esa vocación, oleada tras oleada a las trincheras en aras de la creatividad. Sólo los más fanáticos serán capaces de seguir el ritmo. No necesariamente los mejores. ¿Vocación? Más bien es un tema de ética y humanidad, lejos de genios, gurús y causas divinas.

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