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A fe que no es fácil huir el tema de moda en Madrid. Se ve, se huele, se palpa. Hacía mucho que no me encontraba con la Señora Basura. Más o menos desde Fraggel Rock . Y ya sabes que es un clásico el no ver a alguien en años y en pocos días encontrarte a ese alguien repetidas veces en los sitios más insospechados. Algo así sucede con la Señora Basura, sólo que es en cada esquina y a todas horas. Es un poco cansino y a Mr. Hyde le dan ganas de darle a la botella, para qué vamos a decir otra cosa.

Así que por un momento huyamos de la basura capitalina, en espera que hagan su aparición estelar las ratillas cantarinas.

Hoy traigo un post cortito, en formato vídeo de una acción curiosa y bastante divertida, un digno experimento urbano acerca de jugar con los prejuicios. Psicología e inteligencia emocional de cancha de asfalto. Imaginaos una de estos partidos callejeros americanos y los clásicos chuleras de barrio en formato negro de dos metros jugando un partido. Hasta que uno de ellos se lesiona y piden que entre alguien del público. Todo es normal excepto que el que recoge el guante es un viejales que se tira hasta los calcetines sin tocar aro. ¿Qué crees que sucede?

Los abuelos no la saben meter. O tal vez sí.

Me encantan las caras y los gestos del principio, todo un estudio de lenguaje no verbal. Parece mentira, pero este efecto de subestimar a alguien en base a las apariencias, explica los numerosos timos que sigue habiendo hoy en día, que ni mucho menos quedan en las películas. Y hay quien es experto en jugar con los prejuicios ajenos para sacar partido, en muchos otros campos de la vida. La otra cara de la moneda de prejuzgar.

Muchas veces los prejuicios nos limitan a nosotros tanto o más como limitan nuestra concepción de los demás.

La idea sigue el esquema de una escena de la película «Los blancos no la saben meter» (que en inglés es más acertado: White men can´t jump), en la que Woody Harrelson, que va de blanquito white trash inútil, y se la juega a Wesley Snipes en un partido canchero. Siempre me hizo mucha gracia, y mira, aquí tenemos el mismo juego con Kyrie Irving, una estrella de la NBA que se convierte en su abuelo. Un experimento urbano apadrinado por una marca a modo de broma, pero que ahonda en lo comentado en esta otra acción.

Somos lo que parecemos. Y también mucho más de lo que parecemos.

Y a ti, ¿te ha pasado algo parecido? ¿Te has llevado una sorpresa con alguien que te ha dejado ojiplático?

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