Mi blog

Tengo la impresión de que vivimos en un mundo cada vez más serio. Lo veo cuando me conecto al facebook, en mis cada vez más reivindicativos e indignados contactos. Lo oigo en el otrora animado Sanedrín que era el vestuario del gimnasio. Y lo siento en mi propio cuerpo como un rígido corsé con el que a veces estoy más envarado sin darme cuenta.

En muchas ocasiones, la risa parece haber sido relegada a la ironía o al sarcasmo. Suele tener un regusto amargo o ácido. A veces incluso tiene un final teñido de tristeza. Como si reír fuera un acto de irresponsabilidad ciudadana o de insolidaridad. De no estar viviendo en el mundo que vivimos. “¡Con la que está cayendo!”. Como si no hubiera razones para ello. Personalmente, aquí tiro de coaching e inteligencia emocional.

Desde aquí reivindico el poder liberador de una risotada porque sí. Reír por el motivo más tonto, de haber alguno. Reír en público hasta parecer tonto. Porque se puede reír sin tomárselo a risa.

Desde aquí me propongo, como mínimo, sacarte una sonrisa. Sin contar nada gracioso y empezando por algo tan serio y que a menudo nos pone de mala leche, los políticos:

Reivindico la risotada espontánea, éstas que se contagian y le dan un giro a tu día. La risa es internacional y es un idioma en sí misma. Es compartir algo primigenio, capaz de hacernos cómplices de auténticos desconocidos.

Incluso en un entorno en el que solemos mirar al techo, mandar whatsapp que no dicen nada o redescubrir la puntera de nuestros zapatos. Y encima con unos tipos tan serios como son los alemanes:

Y es que hasta los franceses ríen:

Si has pinchado en los vídeos y a estas alturas no estás sonriendo, quizá estés pensando “vaya tontería, que me devuelvan mi tiempo”. Y a mí lo que me gustaría es devolverte eso otro, la sonrisa.

Entre otras cosas, la risa es una respuesta al estrés, tiene un componente adaptativo y es un buen mecanismo de inteligencia emocional. Cada vez que te ríes activas la válvula de escape de tu olla a presión. Relajas tus músculos y alivias la tensión física, con efectos que duran hasta 45 minutos. Es decir, al reírte ahorrarás una barbaridad en fisios y dormirás mejor.

Además, la risa estimula el sistema inmunológico, lo cual incrementará tu resistencia a enfermedades. También mejora el flujo sanguíneo, lo cual puede proteger contra ataques cardíacos y problemas cardiovasculares. Riéndote serás más productivo en todos los campos de tu vida y vivirás más.

Y, por supuesto, la risa provoca la liberación de las famosas endorfinas, esas sustancias químicas naturales del cuerpo que nos hacen sentir tan bien e incluso pueden llegar a aliviar nuestras dolencias. Así que riéndote, serás más feliz. Y harás a otros más felices.

Esto es la risa. Sin más. Sin sarcasmos ni ironías. No hay dobles sentidos ni aditivos ácidos en el titular. Hay razones para reír, aunque el mundo en que vivimos no nos haga gracia.

¿Cuándo fue la última vez que reíste así?

Comentarios

  1. […] a buscar las de otras personas con cosas interesantes que explicar. Ayer leí un interesante artículo sobre la risa y sus beneficios en el blog de Diego Caminero, un texto que invita al optimismo. Y es que, a pesar de “la que […]

  2. Yo no estoy de acuerdo con lo aqui expuesto, pienso sinceramente que hay muchos factores que no han podido ser considerados en cuenta. Pero valoro mucho vuestra valoracion, es un buen articulo.

    1. Muy buenas Carmen. En ningún caso este post pretendía dar una explicación exhaustiva, sí un guiño que nos conectara a una felicidad primigenia para provocar una sonrisa… En cualquier caso, la discrepancia es bienvenida, gracias por tu feedback!

      1. Walker dice:

        Buenas tardes, debo decir que estoy muy de acuerdo con el post. Hay que tener un mayor campo de visión del que muchas veces tenemos. Ah, por cierto, mientras veía los vídeos me ha salido una sonrisa y hasta algo de risa; y lo mejor es que me he sentido mejor!

  3. brecacha dice:

    Esta tarde en el bus me he acordado de este post. Estaba leyendo ‘El loro en el limonero’, un libro muy divertido donde el autor, Chris Stewart, explica sus vivencias en La Alpujarra granadina. El caso es que me ha entrado la risa. Tenía que parar de leer, pero al retomar la lectura me volvía a reír. En eso que escucho cómo mi vecina de asiento también se reía. “Te he contagiado la risa, ¿verdad?” “Sí.” “Pues no te voy a decir que lo siento, porque reír está bien, ¿no?” Por un momento me han venido a la cabeza los vídeos en el metro que ilustran este post, pero nos hemos “comportado” y no hemos contagiado a nadie más… Debo decir que al poco he dejado de leer porque el sueño me vencía. Y es que el traqueteo del bus es ideal para echar una cabezadita… Saludos!

    1. jaja, que bueno!! Genial el contagiar esa risa y compartir el momento con total naturalidad con una vecina desconocida. Me río sólo de imaginarte en el bus. Así que me llevo a la piltra la sonrisa y, ya de paso, el traqueteo adormecedor del bus.

      Muchas gracias por compartir este momentazo, me quedo con la referencia del libro Benjamín.

      Un saludo grande!

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